domingo, 1 de marzo de 2015

2015-03-01: Sierrezuela de Villafranca de Córdoba-Adamuz, y Fiesta de la Botijuela





Fotografías: Vicente Luchena









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Fotografías: Manuel Cuestas


























domingo, 1 de febrero de 2015

2015-02-01: Jorquera-La Recueja-Alcalá del Júcar





Crónica de la ruta:

Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia realizó el pasado 1 de febrero una ruta senderista en la Manchuela albaceteña, entre las localidades de Jorquera y Alcalá del Júcar, que reunió a 50 personas.

Hemos querido comenzar las rutas senderistas de este año 2.015 con una que fuera especialmente atractiva para los amigos que habitualmente nos acompañan en nuestros paseos por campos y ciudades y, a juzgar por los resultados obtenidos, creo que hemos acertado en la ruta elegida, a pesar de que para realizarla teníamos que “disfrutar” de un traslado en autobús de algo más de tres horas. A este inconveniente había que añadir que, motivado por ese trayecto previo mayor de lo habitual, tuvimos que adelantar la hora acostumbrada de nuestra salida y retrasar la de llegada; además, la previsión del tiempo auguraba una jornada especialmente fresquita y animada por unos vientos que soplaban con una intensidad algo más que moderada. Estas circunstancias no hicieron mella en nuestros amigos senderistas y los comentarios e impresiones tras el paseo por las hoces del Río Júcar y las localidades del trayecto, especialmente Alcalá del Júcar, nos convencieron de que habíamos elegido la ruta adecuada. Ruta que, de justicia es reconocerlo, nuestro buen amigo Pedro nos había puesto sobre su pista y sobre las bondades que escondía, e incluso tuvo la amabilidad de acompañarnos en la primera visita que, como a todas las rutas que organizamos, hicimos previamente al lugar.

Antes de comenzar la ruta, hicimos la parada justa para desentumecer las piernas, desayunar y saludar y cambiar impresiones con los amigos, tanto los habituales como los que se nos unían por primera vez. Reconfortados cuerpo y ánimo, reemprendemos el viaje y, a poco de abandonar la pequeña localidad de Casas de Juan Núñez, la carretera comienza a descender y nosotros a recibir las impresiones que nos acompañarán a lo largo de toda la jornada: por un lado la aparatosa visión de la localidad de Jorquera, majestuosamente construida en lo alto de un cerro totalmente rodeado por un meandro del río Júcar, ayudado por su afluente el arroyo Abengibre, y al otro lado los impresionantes cortados que forma el río y que llegan a medir hasta 200 metros de altitud (según nos cuentan fuentes fidedignas, no era cuestión de ponerse a medirlos en ese momento).

Bajamos del autobús a la entrada del pueblo y nos preparamos para comenzar la ruta, animados por las impresiones recibidas durante el trayecto de dos o tres kilómetros, desde que avistamos el pueblo hasta que el autobús nos deja en el mismo. Lo atravesamos y comenzamos a descender el cerro hasta el arroyo que, poco antes de unirse al río Júcar, señala el comienzo de la verdadera ruta por los cañones que el río ha formado a lo largo de millones de años, al abrirse paso entre el enorme depósito de rocas calizas, yesos, arcillas y margas que conforman La Manchuela, y cuyos impresionantes cortados nos acompañarán a lo largo de los casi dieciséis kilómetros del trayecto. Tomamos el histórico “camino de las huertas” que, como su nombre indica, comunica estas pequeñas localidades con las huertas construidas en el escaso terreno que queda entre el lecho del río y los acantilados que lo bordean, a cuyo pie no dejamos de observar desprendimientos de grandes bloques de piedra, ocasionados por la erosión de las paredes rocosas. También observamos cuevas, abrigos y corrales construidos y aprovechados por los aldeanos para guardar sus enseres y su ganado, e incluso como viviendas. El río apenas es visible, oculto en un denso bosque de galería: sauces, álamos, fresnos, tarayes, adelfas, nogales, chopos, higueras, cañas, zarzas…

El camino se convierte en senda en un corto trayecto y nos permite observar una gran roca de formas muy llamativas y distintas de las de su entorno: es una toba calcárea, formada por la precipitación de partículas de roca caliza sobre los vegetales, de ahí sus extrañas formas. De nuevo en ruta, seguimos hacia la aldea de La Recueja, pero antes de llegar a ella, el camino se encuentra cortado por un enorme desprendimiento de rocas (ocurrido la noche anterior, según nos informa un vecino), por lo que tenemos que sortearlo por el terreno de una de las huertas. Un grupo de cabras montesas nos saluda en la lejanía.

Breve descanso en este pueblo de ribera, junto a un ensanche del río, y continuamos ruta hacia Alcalá del Júcar. De nuevo el camino al pie de los acantilados rocosos, con visibles desprendimientos, y varias ramblas. Aprovechamos una de las ocasionales presencias del sol y, al abrigo de las paredes de una antigua hacienda paramos para dar buena cuenta de los alimentos que transportamos en las mochilas, a fin de “aligerarlas de peso”. Tras este nuevo descanso, reanudamos la marcha junto al río y su vegetación de ribera, en la que incluso podemos contemplar unos ejemplares de bambú. En las laderas expuestas a la solana, hay matorrales escasos y dispersos, dominando el esparto, el romero, la aliaga… Siguen las cuevas y abrigos, señales de la intensa utilización por el hombre de  estas paredes, hasta llegar a las llamadas Cuevas de Garadén, asentamiento árabe en medio de uno de estos acantilados y que, al parecer, estuvieron fortificadas. Un poco más adelante, se comienzan a divisar las primeras casas que anuncian la proximidad de Alcalá del Júcar, en la que entramos a la altura del puente romano, muy reconstruido tras ser arrasado por varias riadas.

Como aún quedaban ganas de conocer estos parajes, decidimos subir el empinado cerro en el que se asienta la localidad para visitar el castillo y gozar de los impresionantes paisajes que desde allí se contemplan: el castillo, de origen almohade pero reconstruido casi en su totalidad, presenta una torre con tres alturas en su interior y restos de la muralla en el exterior. Al descender por las calles del pueblo, tras la visita al castillo, paramos a conocer las famosas Cuevas del Diablo, que atraviesan de un lado al otro el cerro-acantilado que sostiene las casas del pueblo, alcanzando una longitud de 170 metros, y acondicionadas para las visitas turísticas. Esto puso fin a una larga jornada de senderismo y convivencia.


Manuel Mohedano Herrero



Fotografías: Vicente Luchena





















lunes, 24 de noviembre de 2014

Trashumancia 2014

Dos últimas etapas de la Trashumancia de los hermanos Cardo, desde Vega del Codorno (Cuenca) hasta el Valle de Alcudia:

Crónica de dos días de ruta acompañando a los ganaderos trashumantes
Manuel Mohedano Herrero

Varios miembros de Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia hemos acompañado durante dos días a unos ganaderos trashumantes que se dirigían hacia los pastos de invierno en el Valle de Alcudia.

Como ya es tradicional cuando avanza el otoño y las nieves comienzan a cubrir el suelo de la serranía conquense, varios rebaños de ovejas merinas se trasladan desde esas tierras hasta los tranquilos lugares del Valle de Alcudia para pasar aquí el resto del otoño, el invierno y parte de la primavera, con un clima más suave y pastos para su alimentación: a mediados del mes de mayo, las ovejas y sus pastores tomarán el camino de vuelta a la sierra, huyendo del riguroso verano manchego y las ausencia de pastos.

Manuel y Antonio Cardo son dos hermanos ganaderos de Vega de Codorno, Cuenca, de los pocos (y quizá de los últimos) que realizan este traslado a pie, recorriendo durante algo más de veinte días los tradicionales caminos de la ganadería trashumante, las cañadas, cordeles y veredas, y también de la forma tradicional: comiendo y durmiendo junto al rebaño, guiándolo y cuidándolo con la ayuda de sus fieles perros careas y mastines y con escasas innovaciones introducidas, como la del vehículo de apoyo y la del pastor eléctrico. El resto son largas jornadas, desde que amanece hasta que se oculta el sol, sufriendo las inclemencias del tiempo, viento, frío, lluvia, y hasta la incomprensión de algunos vecinos de las localidades que atraviesan, que se fijan sólo en las molestias que el paso del rebaño pueda causar en sus calles y olvidan los beneficios de esta forma  tradicional de trasladarlo, y el respeto que siempre se ha tenido a los pastores trashumantes (considerados medios de comunicación entre vecinos, contacto de culturas y formas de vida respetuosas con el medio ambiente), además del derecho que les asiste a transitar por las vías pecuarias, con prioridad sobre el resto de viandantes y vehículos.

Como muestra de cariño y de respeto hacia esta modalidad de ganadería trashumante, varios miembros de Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia llevamos unos años acompañando a estos ganaderos en sus últimas jornadas del trayecto, intentando ayudarles en su travesía a lo largo de Puertollano y su término municipal, ya que, a poco de dejar el redil que se le prepara para pasar la noche, el rebaño tiene que olvidarse de la tranquilidad del campo e introducirse entre el tráfico de vehículos y los edificios del polígono escaparate (desde antiguo, tramo de la Cañada Real Soriana Oriental), buscando la salida de Puertollano por las calles San Sebastián, Conde Valmaseda y Apartadero de Calatrava, para aquí tomar el Cordel de la Alcoba en dirección al Puerto de Mestanza y, después de atravesar el Río Ojailén y seguir junto al carril-bici, llegar a la Dehesa Boyal. Aquí el rebaño empieza a recuperar la tranquilidad y los frescos pastos, aunque todavía tiene que cruzar por dos veces la carretera y subir la empinada cuesta que le permite coronar el Puerto de Mestanza, no sin antes ser testigos, y modelos de acompañamiento, de las fotografías de boda de una pareja que ha buscado el bucólico fondo rural para las fotos de ese día tan especial para ellos.

La bajada del Puerto de Mestanza supone introducirse en las tierras del Valle de Alcudia, ásperas al principio, pero que enseguida toma la Cañada de la Dehesa Gamonita y la Vereda de la Antigua, coincidente en su trazado con el antiguo camino de Mestanza a Puertollano, empedrado en gran parte de su recorrido y sombreado por antiguos acebuches, chaparros, encinas y coloridas cornicabras. Las ovejas parece que sienten ya la proximidad de “sus” tierras (la mayoría de ellas ha nacido en el Valle) y apaciguan su marcha, lo que les permite ramonear cualquier arbusto que se ponga a su alcance.

Tras un corto recorrido por las ondulantes colinas que preceden a la localidad de Mestanza, se llega a las proximidades de la misma, pero poco antes de llegar a las casas del pueblo, los pastores preparan el cercado en el que pasará el rebaño la última noche de su periplo, vigilado y protegido por sus mastines, mientras ellos se pueden permitir el lujo de cena caliente y dormir en un colchón, después de  tantas noches de hacerlo en el suelo de la tienda de campaña.

Al amanecer del día siguiente, ya están de nuevo preparados para realizar el tramo final de su recorrido, que comienza cuando el rebaño con sus pastores atraviesa las calles principales de Mestanza, saludados por muchos vecinos que se asoman a las puertas de sus casas al oír el sonar de los cencerros, para contemplar el ruidoso regreso de estos vecinos que estarán con ellos medio año y ahora llegan ocupando todo el ancho de la calle.

Cruzado el pueblo, las ovejas continúan por la Vereda de la Antigua, desarbolada en el primer tramo de su recorrido, pero que pronto toma su aspecto de encinar adehesado, habitual en gran parte del Valle de Alcudia, aunque ceñida a ambos lados por unas alambradas que apenas respetan los veinte metros de anchura estipulada. La vereda pasa junto a la ermita de la Virgen de la Antigua, patrona de Mestanza y de Solana del Pino, aunque cada localidad celebra su romería en una ermita distinta, cosas de los pueblos.

La vereda continúa adentrándose en el Valle de Alcudia y las ovejas acelerando su paso, como si presintieran la llegada a su destino, hasta que, llegadas a una desviación del camino principal, emprenden una alocada carrera dispuestas a ser las primeras que se desparraman sobre la finca El Cañaveral, donde, ya sosegado el tránsito, van de un lado a otro de la misma, pastando sin cesar.

Concluida la tarea, es hora de volver a Puertollano para los acompañantes, pero la hospitalidad de los pastores y de su familia, nos convence a acompañarlos en los alimentos, aperitivos y paella, que rápidamente han preparado y que, sazonados con multitud de anécdotas y ocurrencias, con la belleza del paisaje que nos rodea y con la esplendidez del soleado día que hemos tenido, hace que todo nos sepa a gloria. Con la promesa de un próximo reencuentro, hemos de despedirnos de nuestros amigos pastores que, concluida la trashumancia, han de retomar las tareas de su sacrificado oficio.
                                                   
23 y 24 de Noviembre de 2014
Ecologistas en Acción-Valle de Alcudia


Fotografías: Vicente Luchena










































































Manuel y Antonio Cardo